Iker

Pocos futbolistas hay capaces de pasar en tan poco tiempo de héroe a villano. Uno de ellos es Casillas. Si ayer el Madrid hubiera marcado un gol después de su gran parada, el guardamenta habría vuelto a ser San Iker. Pero no ocurrió así. Y, para colmo, por intentar empujar a un Madrid extenuado y en el que por alguna extraña razón no se hicieron los tres cambios, las prisas hicieron al capitán cometer falta de saque al escurrírsele la pelota en el saque de banda que iniciaba la jugada en la que estaban depositadas las últimas esperanzas de los madridistas. El Abc describía así la acción:

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No llores, Iker

Puede que en verdad no fuera para tanto.
Puede que ya hubiera perdido sus reflejos.
Puede que el Madrid no sea equipo para viejos.
Puede que en verdad no fuera un santo.

Puede que por alto no fuera nada bueno
y que no jugara nada bien con el pie.
Puede que no fuera el porterazo que se cree
y que en verdad su vaso se veía medio lleno.

Pero yo le he visto hacer verdaderas maravillas,
le he visto ganar lo que nadie antes ganó
quizás era suerte, pero mucha, la de Casillas
y esa es la suerte que quiero conmigo yo.

La Undécima no se ganó quizás por culpa de él
y alguno dirá que me estoy quedando corto.
Pero si tocara enfrentarse este año al Oporto
sería aún más difícil por jugar contra él.

No llores, Iker, que todo siempre se acaba criticando.
Les pasa a los capitanes de los grandes navíos,
sus vasos se acaban viendo siempre medio vacíos
porque hasta lo mejor en la vida se acaba olvidando.

Por eso, Iker, no llores, que es ley de vida.
Les pasa sobre todo a las personas importantes.
En un tiempo volverás a ser para todos el de antes
porque la gente hasta de las críticas algún día se olvida

Y te recordarán otra vez por salvar tantos partidos.
Y no solo por aquella parada que nos hizo campeones,
sino por detener el tiempo en tantas ocasiones,
algo solo al alcance de unos pocos elegidos.